IntroducciónCapitulo ICapitulo II
Al rostro de Joaquín le sobrevino un orgasmo instantes después de inhalar la primera bocanada al cigarrillo que le acababa de dar. Era el primero que tomaba en la noche, y seguramente en muchos días... Tras sufrir una pequeña embolia cerebral tomo la firme decisión de abandonar parte de sus vicios, de momento había conseguido librarse de la cocaína, se moderaba más con el alcohol y...
- Al final acabaras como Marichalar, o peor.- Dije al tiempo que me encendía un cigarro para consumo propio.
- Peor imposible, antes me suicido por la ventana en vena.- En apenas 30 segundos creamos una atmósfera de humo en el habitáculo del cuarto de baño. Oscar, el Jefe de Escoltas nos miraba con un halo de desprecio infinito... Pero las ordenes que le habían dado eran claras y precisas: Prohibido intervenir en la conversación, solo escuchar y actuar en caso necesario. Eso era todo lo que había podido conseguir, hice saber que me era imprescindible entrevistarme a solas con Joaquín para poder arrojar luz sobre el oscuro caso a resolver. No me quedo otra que aceptar al tal Oscar como armario o cosa.
- Bien Querido Joaquín, tu puñetero piso esta lleno de cacharros inservibles, objetos inútiles, libros, recuerdos, cuadros, alfombras y un largo etcétera de enseres varios y variados, además sospecho por el desorden reinante que ya nuestro amigo Oscar y sus “soldados” habrán buscado por los lugares más usuales e incluso por los que no lo son tanto, obviamente con nulos resultados. De todo ello se deduce que el anillo o bien ha sido guardado de forma alevosa por alguno de los aquí presentes en recóndito rincón o alguien aún lo conserva en pudenda parte de su anatomía, en cualquiera de las dos circunstancias mis dotes detectivescas poco sirven para realizar actos que no puedan ser ejecutados por otro u otros, en resumen, dime dentro de la intimidad que nos rodea quien o quienes pueden tener el objeto codiciado y buscaremos la forma de hacerlo aparecer sin armar mas revuelo del ya provocado.- Y dicho lo cual guiñe un ojo a Oscar en señal de complicidad, solo me devolvió su mirada inyectada en sangre, desconociendo yo si era esta provocada por el humo del tabaco o por el odio hacía mi persona (cuando no fueran las dos circunstancias las que tenían cabida).
- Escúchame bien, no hay nada que ocultar, y te digo delante de este “pendejo” que yo no tengo ni he tomado, ni ocultado el anillo, así como que pondría la mano en el fuego por todos y cada uno de los invitados a mi casa, es mi palabra, créetela.- Su tono parecía creíble, pero uno a cierta edad ya sabe que ni Dios dice siempre la verdad ni el Diablo miente siempre, además, ¿hasta que punto podía creer en la palabra literal de Joaquín estando presente un escolta del Rey?
- Bien, empecemos por el principio, ¿Cómo llegan los príncipes a cenar a tu casa?-
- Pues te cuento que esta cena tiene sus antecedentes en otra celebrada el pasado mes de...- Joaquín mira al techo en busca de la memoria que le parece flaquear- de Julio, fue en casa de Simoneta Gómez Acebo y su esposo, Sastrón...- Con esta respuesta termine por ubicar a la pareja sin referencias, Simoneta era la relaciones públicas de la prestigiosa firma “Cartier” en España y sobretodo... Sobrina del Rey. Su esposo: “Sastrón” ejercía de promotor musical y me entere que tenía entre sus amigos a Joaquín, Víctor Manuel o Ramoncín. - ... El caso es que la “lety” estuvo toda la noche rogándome quedar otro día para comer o cenar, “¡yo tengo una reputación que guardar!” Le decía, finalmente accedí unas semanas después ante su insistencia, pues es probado que a la princesa le gustan mis canciones y las de mis amigos... Víctor, mi primo “El nano” – Por Serrat-... y la aventura tampoco desagradaba en exceso al Principito, si bien ¡maldita! La gracia que le hizo mi poema dedicado a su prometida, pero ya se sabe, que por muy príncipe que uno sea... ¡donde este una mujer no hay más que decir! ¡Y más si es Republicana! Bueno... “ex”- Termino diciendo burlonamente ante la mirada inerte del Jefe de escoltas.
- Y dime, Joaquín, ¿sabías de la existencia del anillo antes de la cena de hoy?.- Más que dudar, vaciló, apenas un segundo, lo suficiente como para percatarme de que la respuesta era afirmativa, y como yo, lo supo el Guardaespaldas real, y Sabina fue consciente de ello.
- En la cena que te conté también estaba presente Jaime Peñafiel – sobraban presentaciones, conocía bien a este periodista, monárquico, que no cortesano, y que no tiene reparos en decir lo que piensa, sobre todo si se trata de Letizia, quien nunca fue de su agrado, la gota que rompió el vaso fue cuando Jaime en su columna del periódico “El Mundo” arremetió en metáfora viva contra los habituales tacones de más de 30 cms que la princesa suele utilizar para salvar la diferencia de estatura con su esposo, la reprimenda de Letizia no se hizo esperar, tuvo lugar en un acto celebrado por el Ayuntamiento de Madrid, y Peñafiel nunca supo calificar aquella controvertida conversación de insolente o impertinente.
- Hablamos de ti, y de lo “tuyo” que estaba aún reciente- Agradecí a Joaquín que no entrara en detalles, bastante mal le caía ya a Oscar para entrar en episodios pasados que quizás él ni conociese.- y sobre todo hablamos de la “Lety”, Jaime que una princesa y reina esta para callar y parir, yo que hasta ahora había dedicado su vida a hablar e informarse y no lo tendrían tan fácil para atarle el pico, que no “cuadra” en ese ambiente “real” y que las chispas no tardarán en saltar...- Joaquín bajo la voz y se acerco a mí, como si así no le fuera a escuchar el Escolta o a este le fuera a producir menor perjuicio sus palabras- Jack, es cuestión de esperar y ver los acontecimientos... La segunda restauración Borbónica acaba de encontrar el escollo más duro de su trayectoria en 30 años... Me imagino a Fernando VII y Alfonso XIII revolviéndose en sus tumbas... El fantasma de la tercera República está en pie y ha echado a andar...- Mire de reojo a Oscar que seguía imperturbable- Peñafiel estaba de acuerdo conmigo en ese punto, si bien no compartía mi regocijo pues él, más que le pese, es Monárquico y “Juancarlista”.
- ¿Entonces... a través de esa conversación vino lo del anillo?
- Sí, yo ya llevaba unos “whiskicitos”, Jaime me contó la historia del anillo por encima y me insistió en que invitara a los Príncipes a cenar, me dijo aquello de “grano a grano se hace el montón” o algo así, y que ya se encargaría él de que toda España se enterase de la reunión y cena... de la pareja Real en casa de unos republicanos de pro. En así llegamos hasta el hoy, esta noche se produce el magno acontecimiento, ¡y oye! Que hasta lo estábamos pasando bien y todo, la “leti” rompió el hielo a base de bien con unos chistes impropios de princesas y el “Borbonisimo”... bueno, digamos que no empalagaba en demasié...
“Malditos sean los que no se cansan,
los que ganan carreras de tortugas,
los capataces de la certidumbre,
los rectos eficaces, los que transan,
los que estiran el alma y las arrugas,
los secuaces del Rey de la costumbre”
Terminado su recital de versos aprovecho Joaquín para recrearse en la ultima calada al cigarrillo casi extinto y Oscar para recomponer los gestos de su cara, que imagino buscaba (en vano y a ciegas) mensajes en clave o códigos secretos en el puñado de palabras expelidas por el cantante poeta.
- Dime, Joaquín, en la cena de esta noche, ¿quién saco el tema del anillo republicano?.-
- Que bien recuerde... Fue Don Principito quien orgulloso y altanero hizo mostrar a su esposa el simbólico aro que penetraba con su dedo, yo me hice el sorprendido, y la “leti” contó la historia que ya oíste al llegar a mi casa. Oye, “musculitos” ¿Podrías ir a fuera y traer la botella de whisky?- El Jefe de Escoltas, volvió a gruñir con la mirada y no dijo palabra-. Mira Jack, lo que más me jode de esta charanga es que al Felipe de los “cojones” le importa un carajo el anillo, ¡al menos su padre lo respeta y teme como símbolo o amuleto! Veras, ya bien cenados y bebidos estuvimos haciendo música con guitarra, una armónica y unos cajones, quien más y quien menos acompañaba con cantos, daba palmas, coreaba o vitoreaba, me arranque yo con “Princesa” cambiando alguna estrofa en honor a la Leti, luego lo hizo “Anita” (por Ana Belen) con la “Puerta de Alcalá” y la acompañamos todos, mi primo (por Serrat) canto a capella “Hoy puede ser un gran día”, creo que luego volví yo con “19 días y 500 noches”, y Victor con “Nada sabe más dulce que tu boca” y en estas que hombro a hombro con “Felipito” le propongo más en broma que en serio componerle una canción a cambio del anillo que trajo a España la II República… Se me queda mirando y dice que eso ¡esta hecho! Pero que tendré que aceptar que sea él quien escriba parte de la canción bajo la condición innegociable de jamás revelar este hecho, yo le digo que sí, total, ya me hizo un encargo parecido el Subcomandante Marcos y me tiré más de diez años sin concretarlo hasta que me salió el “Como un dolor de muelas”, y bien sabe Dios y el Diablo que me cae mejor “Marquitos” que “Felipissimo” además, ¡que carajo! en otros diez años ¡todos muertos o “amarichalados”!- En este punto exploto la risa estentórea de Joaquín y mi máxima expectación- Ahí fue cuando la noche se nos jodio a base de bien, la “Leti” se percato que no llevaba el anillo, fue junto con Isabel a la cocina esperando encontrarlo en el platito y allí no quedaba nada… El resto, ya lo sabes.
La conversación entre Joaquín y yo no daba para más, mire mi reloj y comprobé con preocupación que ya saltaban trece minutos por encima de las tres. Salimos del Baño, el resto de la comitiva nos miraba expectante y sentí un inexplicable rubor, como si me sintiera una mujer cualquiera que va a realizar “pis” en grupo, o remontándome a mis años adolescentes como si hubiera sido pillado saliendo de la sala masturbatoria por mis padres, en compañía de dos amigos. Su alteza Borbonica me exigió, más que pedir, respuestas que no tenía, de soslayo observe como Doña Letizia hacía lo mismo con Oscar, eso sí, hablando nada más que con la mirada. Don Felipe volvió a requerir de inmediato la presencia de “los otros” a Oscar, y se me vinieron a la mente imágenes de hombres con gafas de sol, batas blancas y las manos (enguantadas en látex) ocupadas por tenazas y todo tipo de herramientas cortantes.
Improvise una representación para ganar tiempo, me coloque a escasos centímetros de Doña Letizia y la inste a que recrease todos los movimientos que realizo desde la ultima vez que fue consciente de la presencia de su anillo. Camino directamente a la cocina, un rectángulo perfecto que por sus dimensiones hacía incomoda en ella la presencia de más de tres personas, Doña Letizia indico el lugar donde dejo el anillo, tras quitárselo y ponerse a fregar, justo encima de un platito pequeño cuya utilidad desconocía, quedaba a la vista de Isabel, Ana Belen, Simoneta, y Candela que eran las que se encargaron de la tarea de recoger los platos, cubiertos y demás utensilios de la mesa para acercarlos a las inmediaciones del fregadero, donde “leti” daba buena cuenta de ellos, ninguno de los cinco hombres entro en la cocina hasta que al menos salió la ultima de las mujeres, que según recordaban fue Isabel, quien como anfitriona saco de allí una bandeja con “pastas”, galletas y todo aquello que engloba la toma de licores.
Me sentía como una gallina seguida de los polluelos, o como Hercules Poirot a punto de resolver un misterio ante la comitiva de sospechosos... Solía volverme ante ellos de vez en cuando y soltar preguntas, por sí la casualidad mataba un pájaro... De esta forma supe que Simoneta se percato de la presencia del anillo en el platito, y que esta lo empujo hasta la pared, arrinconándolo de forma que no se confundiese con el resto de cacharros que iban apilándose, Ana Belén dijo acordarse también de la presencia del anillo en el plato, justo donde Simoneta dijo que lo empujo. Doña Letizia adujo que el arrinconar al anillo tuvo que ser motivo de que ella no se percatara de él tras terminar de fregar y olvidase ponérselo. Además justo en ese momento Isabel la “obligo” a salir con premura de la cocina e ir con el resto de invitados mientras ella se encargaba de confeccionar la bandeja de pastas y licores. Isabel manifestó que ni antes ni después fue consciente de la presencia del anillo en el platito. De la misma forma que nadie se fijo si tras salir Doña Letizia de la cocina llevaba puesto o no, el dichoso anillo de marras.
Uno de los escoltas se dirigió a Oscar con premura y le paso un teléfono movil, todos quedamos expectantes pues nos daba en la nariz que la llamada podría tener una importancia nada desdeñosa para nuestro más inmediato futuro. Aproveche el momento para acercarme a la mesa de las bebidas y las pastas, sirviéndome un buen vaso de whisky americano con su ración correspondiente de dos hielos. No había terminado de dar el primer sorbo cuando Oscar tomo la palabra para anunciar lo siguiente:
- En media hora llegara al piso un grupo de “especialistas” del C.N.I. que se encargaran de realizar las diligencias necesarias para que el anillo aparezca, si alguien tiene o sabe donde esta el mismo es hora de que lo devuelva y el asunto se olvidara sin más… de lo contrario…- En ese punto Oscar callo, más que por no saber que decir, por saber que lo que iba a decir no era ni propio ni necesario. Las protestas volvieron a ser unánimes entre el bando republicano que sentían violados derechos inviolables…
- ¡Basta ya! ¡esto es con todas las de la ley una detención ilegal! ¡Exijo llamar a mi abogado!- decía Ana Belen cuyas palabras dirigía a Don Felipe.
- Yo no estoy dispuesto a quedarme en bolas ni a que me metan el dedo por el ano- Expresaba Serrat con un tono más calmado y diplomático, dirigiendo en este caso sus palabras a Dña. Letizia.
Yo aprovechaba el paréntesis de atención hacía mi persona para tratar de poner en orden mis elubrucaciones sobre el misterio, teniendo claro que la dotación de escoltas reales más el grupo que venía de camino serían más que suficientes para obligarnos a hacer lo que quisieran y como gustasen, no reparando en leyes ni derechos para conseguir el anillo de la forma que sea o fuere. Luego ya podríamos reclamar… pero contra muy altas y poderosas torres iban a ser lanzadas nuestras quejas y lamentos. Me daba la impresión de que Doña Letizia trataba, mediante susurros y palabras al oído, hacer ver a su esposo que de seguir adelante con la búsqueda a toda costa del anillo podría ser peor el remedio que la enfermedad, pero este seguía en sus trece pues estaba la sangre azul muy enervada y alterada para dar marcha atrás al maremoto que se veía venir.
- Yo soy Principe de España, ¡Hijo del Rey! ¡Y futuro Rey de la Nación! – Cesaron los murmullos y protestas al tomar su Alteza la palabra… - Me he dignado a venir aquí, a cenar a casa de la plebe, a compartir alimentos y conversación junto con mi esposa, y hemos sido humillados y emboscados como vulgares ¡comadrejas! - ¿plebe? ¿comadrejas? Desde luego que los discursos de Don Felipe no eran lo mismo cuando no se los daban escritos- No siento especial aprecio por ese anillo tan especial, pero mi Padre ¡el Rey! ¡si! Y además es posesión real, y por eso no puedo permitir que se me lo roben así porque sí, y es por ¡eso! Y por ¡más! Que como que Dios es Cristo que de aquí no sale nadie hasta que aparezca el anillo de los…- Y allí callo, sin más, quedando a la espera de que su habitual flema volviera al rostro. En estas, fue Joaquín quien hablo:
- Pues muy bien, yo digo que no tengo problema en enseñar mis plebeyas pelotas a quien guste de verlas, eso sí, quiero ver también las reales pelotas, y que tanto se busque en mí ano como en el de sus realezas, pues tanto puede estar el anillo escondido en culo republicano como monárquico, así exijo el mismo tratamiento para sus primos, Simoneta y Sastrón, y para usted y su señora esposa, ¡Aquí follamos todos o la puta al rio!- La reacción de los presentes fue de lo más variopinta, la calva de Sastron se encendió, Simoneta tenía dificultades para respirar, Victor Manuel enmudecía mientras que a su esposa Ana le crecía el caudal de las venas del cuello, y en definitiva, a quien más y quien menos se le encogían y apretaban los glúteos.
****FIN DEL CAPITULO II****