miércoles, 27 de febrero de 2008

Despedida y Cierre.

Queridas, algún querido... hemos llegado al final de una nueva etapa del Blog-Show NOCHESPERDIDAS, “¡Qué breve, Jack!” me suelen decir y puede que diga alguien también para esta ocasión. Pero las circunstancias obligan, no podemos seguir obviando el cambio climático, cada vez los inviernos son menos inviernos, la lluvia brilla en ausencia y el Sol invade cada vez con más brío e insolencia las estaciones del año, es por tanto que debemos adaptarnos al nuevo contexto climático y atmosférico, siendo este un espacio negro, muy negro, cínico, oscuro, que bebe sus fuentes de lo gris niebla y debe su esencia a la noche solitaria y fría, no puede prolongarse demasiado en días cálidos y pre-primaverales.

También, y de alguna, forma difícil de explicarles ha tenido que ver en esta breve etapa la huelga de guionistas americanos; bien es cierto que la mayor parte de los colaboradores y guionistas de este Blog-Show residen en Leganes, pero ya saben lo difícil que es atajar la solidaridad entre gremios cuando se sienten uno mismo, aún separados por océanos y grandes dosis de glamour.

En cualquier caso, desde este mismo momento del Adiós, el Equipo y yo nos ponemos a trabajar para la próxima temporada de Nochesperdidas seguir ofreciéndoles la misma calidad y respeto que desde un principio ustedes siempre nos han exigido, con excelso criterio y buen gusto.

Gracias a todas; Liver, Lidia, Replicante: K, Niña Descalza, Solo palabras, Mary Cuba, Molly, Äfrica, Due, Ana-Vampy, Cayetana, Anónimos varios... y demás que ahora no cito por culpa de mi maldita memoria, y muy especialmente a “Lz” quien dio y da sentido a todo esto.

Tras tomarme unas merecidísimas vacaciones y más libre, las iré visitando una a una en sus respectivas Casas para llevarme de cada una de ustedes... lo mejor.
JACK


sábado, 23 de febrero de 2008

Imagenes alusivas

Queridas Lectoras, les dejo ahora ya si, en el fin del relato con unas cuantas imagenes que tenía seleccionadas para la publicación del Libro que jamás vio ni tal vez vera la luz.
Tambien unos enlaces "on line" que sirven para dar mayor enjundia y quizas aclarar en parte ciertos tramos del relato, que vienen a demostrar su verosimilitud y veracidad.
Salud y Saludos.



Leonor es nombre de Princesa.

Lo que se conto sobre la cena.

Romance de Letizia.

Habla Peñafiel

Letizia.

Recitado Sabines.






































sábado, 16 de febrero de 2008

Epilogo

Me arrastre del sofá al suelo estando yo en mi estado, convencido de que era aquel el mejor medio para lograr salir de mi somnolencia. Abrí los ojos, como si estos fueran los encargados de dar fe a lo que mis oídos llevaban tiempo comprobando: Estaban tocando de forma insistente el timbre de la puerta. A duras penas, pude distinguir por los rayos de luz que filtraba la persiana que estaba solo vestido por unos slips y una camiseta publicitaria de whisky, me dolía la cabeza y tenia el pene fláccido, ¡resaca! Me afirmaba mientras me colocaba los pantalones y al tiempo atinaba a incrustar mis pies en unos ensanchados zapatos. “¡Ya voy, ya voy!” Grite con una voz que parecía recién atropellada por el eco. Mire el reloj, las 12 de la mañana. Abrí la puerta.

Habían pasado unas cuantas semanas desde la última vez que tuve delante esa cara, pero me volvía a sobrecoger como temiendo que aquello fuera una regresión al pasado. Balbucee, entonces Oscar, uno de los Escoltas de la Casa Real alargo su brazo hacía mí y vi que en la palma de su mano empezaba a vibrar un móvil. Sin mediar palabra, recogí el aparato, no tenía muy claro si era eso lo que se esperaba de mí, la cara del escolta era menos expresiva que una roca.
- Hasta otra.- Y dicho eso, dio media vuelta y emprendió el camino de las escaleras, en dirección a la calle. El móvil seguía vibrando en la palma de mi mano. Mire alrededor y di unos pasos hacía atrás, cerré la puerta y pulse la tecla verde.
- Hola Jack, soy Letizia. Espero no interrumpirle en algo importante, solo quería hablar con usted unos instantes, esencialmente para darle las gracias.-
- Pues la verdad es que me pilla usted en mitad de una reunión con una cliente, pero puedo dedicarle unos minutos, no siempre tiene uno la oportunidad de hablar con una princesa.- Sin duda que la situación de ambos era más relajada que la última vez, pensaba yo mientras caminaba despacio y sin rumbo en la oscuridad de mi salón.
-
Como ya he dicho le estoy muy agradecida, y también me gustaría darle la oportunidad de que pueda explicar como llego a encontrar el anillo republicano en una pasta, en las películas y novelas el detective siempre tiene la oportunidad de exponer ante el lector o los co-protagonistas los métodos y argucias que le llevan a resolver el misterio, desgraciadamente en su caso, y por las circunstancias tan peculiares de la situación, se le saco de mala manera de la casa de Joaquín y apenas se le han tenido en cuenta los méritos. Lo cual quiero remediar.
- ¿Y como lo remediara...? ¿Habrá una compensación económica... - sonreí como un lobo-
de otro tipo?-
- De todo eso tendremos tiempo de hablar en otro momento, conserve el móvil. Ahora quiero confrontar lo que yo sé con lo que usted sabe, juntar todas las piezas del puzzle...- La voz de Lety sonaba tranquila, relajada, parsimoniosa, tal era su arte para modularla que uno tenía la sensación de imaginar el movimiento de sus labios con meridiana claridad en la mente.
- Sin duda tiene usted tantas piezas o más de las que puedo disponer yo... Pero esta bien, no escurriré el bulto. Tratare de ser por unos momentos un detective de novela – Y en ese momento cerré los ojos y me detuve junto al sofá, era tiempo de la memoria y la voz.
“ Imagino que esta llamada telefónica esta libre de “pinchazos” por lo que hablare sin tapujos ni medias tintas, a estas alturas su relación con Waaldo Saavedra es innegable, de la misma conservo aún con gran satisfacción unas fotografías de esas que se hacen en la intimidad y en la ingenuidad de que el otro nos será siempre fiel y leal. Desconozco porque no formalizo su relación con el pintor, si bien tengo mis intuiciones, creo que ninguno de los dos son personas de carácter fácil, dócil, son dos espíritus libres y con grandes aspiraciones, demasiado iguales, por lo que no apostó al compromiso, quedándose todo en una aventura prolongada en el tiempo, y en el que cada encuentro, imagino que lleno de pasión y sexo, hacía requemar las ascuas del amor.
Su relación con Waldoo no termino ni siquiera con el anunciado compromiso con su actual Esposo, Don Felipe de Borbón. Tanto él como usted supieron adaptarse a las circunstancias (al menos en un principio), de ahí el respeto que Waldoo mostró por usted incluso cuando aparecieron aquellos “rumores” sobre comprometedoras fotografías mostrando su desnudez.
Desconozco a ciencia cierta si después del anuncio de su compromiso y matrimonio ha vuelto a ver a Waldoo, si me consta que han tenido relación por medio del teléfono y la red. El caso es que en un momento dado, usted cometió un error similar al de dejarse fotografiar desnuda, de nuevo expuso su actual status, ese que siempre persiguió desde su más tierna infancia, y no seré yo quien la califique de “trepa”, pues tan respetable es la niña que de mujer quiere ser enfermera como la que desea hacerse princesa, pese a tener un abuelo taxista y republicano... el caso es que Usted, imagino que a modo de guiño cómplice a sus verdaderas ideas políticas y humanas entrego o regalo a Waldoo el anillo republicano.
Bien, de la historia del anillo, su simbolismo y significado yo me entere la noche que me “invitaron” a jugar a detective de novela, y en el rompecabezas de la noche fui haciéndome un croquis de los hechos que debieron acontecer... Sin duda usted jamás imagino que aquel anillo jugaría tan importante papel en posteriores episodios de su vida, y por ende de la historia, pues al fin y al cabo, el mismo era repudiado y odiado por el Rey Juan Carlos y carente de interés e importancia para su Marido Felipe. Pero todo se vino a complicar cuando el periodista Jaime Peñafiel, desconozco de que forma, se enteró de que el anillo estaba ahora en poder del Pintor Cubano. Bien es sabido que el monárquico periodista no guarda hacía usted ni la más mínima porción de estima, sino todo lo contrario. De ahí que planeara la forma de utilizar todo esto en su contra...
Peñafiel tejió con cautela y astucia la tela de araña que consiguió a usted atraparla en casa ajena y rodeada de ilustres republicanos del País deseosos y expectantes por ver el anillo que no poseía. Para lo cual debió llegar a un acuerdo con Waldoo de tal forma que este no le advirtiera a usted de la maniobra ni mucho menos le pudiera proporcionar el anillo, esto me lo confirmo usted en la entrevista que tuvimos en el baño, tras mencionarme que hacía dos meses que no tenía noticias de su otrora amante. Jaime convino con Joaquín Sabina la encerrona en su casa, estando al tanto Joaquín de la historia y muy dispuesto a llevarla a cabo, desconozco si en el ajo andaban también metidos el resto de invitados a la cena... Y por último, imagino que dando poco tiempo de plazo para la reacción, Peñafiel debió tener una confidencial conversación con su marido, en la cual dejar caer que se rumoreaba... se decía... se hablaba... acerca de que usted, ¡su esposa! Hubiese regalado el anillo republicano a su a m i g o Waldoo Saavedra. Puedo imaginar lo sutil y cauteloso que tuvo que andar Peñafiel para decir tal cosa y que Don Felipe no estallara en exabruptos e improperios, hasta el punto de que el desenlace de la apuesta se relegara a la noche de la Cena en casa de Sabina. ¿O tal vez fue antes cuando su Príncipe le insto a mostrar el anillo? De cualquiera de las maneras usted se las ingenio para burlar la espada y la pared, consiguió hacerse con un anillo de tal similitud con el original que diera el pego, al menos el Borbón pico, y convencido de la fidelidad de su esposa acudió alegre y jovial a la cena, dispuesto a darles con el anillo en las narices a los mequetrefes sentimentales de la extinta república, y que luego le fueran con el cuento a Jaime Peñafiel... a quien a buen seguro le tenía ya en su mente dictada sentencia...”

Hice un alto en la exposición, abrí los ojos como si con aquel gesto fuera a confirmar que mi interlocutora siguiera al otro lado, que ella hablara facilito las cosas.
- Muy bien, Jack, va usted por muy buen camino, lo esencial de su forma de ver los hechos no desentona demasiado con el cómo ocurrieron estos en la realidad, al menos hasta donde yo tengo certeza de ellos.- Adopte una posición cómoda en el sillón, muy satisfecho conmigo mismo- tiene usted razón al calificarme de ingenua, confiar en la lealtad y fidelidad de un hombre es como pretender enseñar buenos modales a un cerdo, pero regale el anillo a Waldoo en un arrebato pasional, y ya no había vuelta atrás, los dos coincidimos en Madrid, pasamos 5 horas de intimidad en la habitación de un hotel, como una pareja anónima que moría por devorarse la carne y las palabras, a esta altura de mi vida puedo decir que él fue y será mi mejor y mas preciado amante, pero efectivamente, como usted dice, él, al igual que yo posee una gran ambición, lo cual estuvo a punto de costarme todo... cuando mi marido me revelo su conversación con el despreciable Peñafiel tuve que poner todo mi ingenio y destreza de supervivencia en juego, conseguí un plazo de 5 días alegando que el anillo lo había dejado en la residencia de verano de Mallorca y no podía enseñárselo en ese momento, entretanto intente por todos los medios ponerme en contacto con Waldoo para que me devolviera el anillo de la discordia, lo cual fue imposible, y como usted, yo también llegue a la conclusión de que fue comprado por un grupo de Republicanos poderosos, a la vez había empezado a jugar una segunda baza, conseguir un anillo igual o parecido al desaparecido, gracias a mis afines y personal de confianza pude mostrar a Don Felipe el anillo falso en el plazo de 5 días, y dos días antes de ir a la cena en casa de Joaquín.

"Pese a todo, y como usted comprenderá no las tenía todas conmigo, mi esposo no es especialmente perspicaz y además sus ganas de creerme le cegaron cualquier tipo de duda acerca de la verdadera naturaleza del anillo que le mostré, pero otra cosa sería salir airosa del trance en territorio enemigo, ¡con que ganas le hubiera metido el zapato en la boca a Felipe cuando este empezó a presumir de anillo en la cena! Joaquín andaba tras de conseguir que el anillo fuera a parar de mi dedo a sus manos para demostrar que el mismo era mas falso que el beso de Judas, Peñafiel debió haberle puesto bien al corriente de su aspecto verdadero y de las 3 franjas tricolor que existían en el chatón del anillo verdadero (y que no dio tiempo a falsear en el que llevaba yo puesto). Creía que iba salir airosa de la partida cuando en los postres, Joaquín aprovechando la embriaguez de Felipe le propuso cambiar el anillo por una canción, ¡y este acepto! Rápidamente, y viéndomelas venir me saque el anillo del dedo y me lo metí en las bragas. Así comenzó el kilombo, al que usted finalmente fue “invitado”.- Me excite imaginando la mano de la Princesa introduciéndose el anillo en las bragas, yo hubiera apostado que era la clase de mujer que utilizaba tanga, mas no, y bien que le vino, ya que el anillo hubiera sido mas difícil de sujetar en tan exigua prenda, a no ser que directamente lo introdujera en su cavidad vaginal.- ¿Jack? ¿sigue usted ahí?
-
Eh.. si, si, sigo aquí... era mi secretaria que me llamaba, bien, y dígame, ¿qué le pareció que yo entrara en escena?
- Me pareció un mal menor, el ambiente estaba muy enralecido, y mi marido completamente fuera de si, como ya le dije en la conversación que tuvimos en el baño, le conocía a fondo debido a las molestias que me tome cuando el incidente de las “fotos”- tos incomoda de Letizia y sonrisa de conejo en mi rostro-
así que viendo que nadie saldría de esa casa sin dar por aparecido el anillo y sabiendo que Joaquín sospechaba muy a las claras que el mismo en un alto porcentaje de posibilidades pudiera ser falso, usted se convertía en mi principal baza. Waldoo se puso en contacto conmigo un día antes de la cena, pero pronto desaparecieron en mí las esperanzas de que el anillo pudiera volver a mí a tiempo, dio rodeos y no se atrevió a confesarme que efectivamente le había pagado para que no me devolviera el anillo, se excuso diciéndome que en realidad no lo tenía. Que un buen día fue a mirar en el lugar donde lo guardaba y simplemente no estaba. Llegue a la conclusión de que o él mentía o usted, detective Jack, se llevo el anillo el día que también robo las fotografías en casa de Waldoo...
-
¡Ajá! Como ya vio, fue una conclusión muy acertada, efectivamente me lleve el anillo del cajón de la mesita de noche de Waldoo, Junto a este había una nota manuscrita cuyas palabras no recuerdo, guarde el anillo en mi casa, por si algún día había que empeñarlo y la noche que Joaquín reclamo mi ayuda aludiendo que el hijo del Rey estaba en su piso me vino a la memoria y por esas cosas del azar y la intuición decidí llevármelo consigo por si me podía ser útil en forma de moneda de cambio o sutil chantaje. Lo que no entiendo es como estaba usted tan segura de que me iba a poner de su parte y no de la de mis amigos Republicanos...
-
Era una intuición basada en su biografía, Jack. Su lado femenino, bondadoso, romántico, en el fondo usted si es un mosquetero. De todas formas no estaba completamente segura de su reacción, pero no tenía muchas mas bazas, tarde o temprano Joaquín llegaría a la conclusión de que yo era la que ocultaba el anillo para que no se demostrase su falsedad, yo pretendía poder llegar a algún tipo de acuerdo con usted en “privado” para que fuera a por el anillo verdadero (jamás imagine que lo llevara usted encima), o si la cosa se torcía y usted se unía al otro bando ya no habría mas remedio que utilizar toda la contundencia, poder e influencia de la Institución Monárquica para desacreditar y acallar la “supuesta” historia. Y dígame, ¿cómo consiguió introducir el anillo en la pasta? Lógicamente tuvo que ser antes de que le desnudasen, a no ser que lo llevara oculto...
- No, no tema, no metí el anillo en ningún recóndito rincón de mi anatomía, lo escondí aprovechando un momento de confusión y viendo que pronto harían acto de presencia los del C.N.I. Me podía dar por aviado si me pillaban con él encima, durante toda la noche no tuve claro el momento en el que sacar a la luz la verdad, o si esta me podía causar mas perjuicio que beneficio, creo que no hacerlo hasta el último momento motivo que nadie hiciera más preguntas y la reunión se diluyera con tanta celeridad y sin más explicaciones que la amenaza de guardar secreto. Al final y como acostumbro no he sacado nada bueno en todo esto, mis amigos republicanos me miran con recelo, sigo siendo enemigo de la Monarquía y bueno, al menos hoy me parece tener la complicidad de una Princesa... – Silencio complaciente, nada incomodo-
Por cierto... ¿Me puede recordar que ponía en la nota manuscrita que había junto al anillo, en la mesita de Waldoo?
- Si, exactamente puse: “Este es el símbolo de todo lo que nos separa y a la vez nos une, te quiere “L””.- Me sentí mal conmigo mismo por no haber comprendido hasta aquella noche en casa de Sabina la importancia real de aquel anillo-
Bien, amigo, debo dejarle, hay obligaciones que me reclaman y por razón de mi cargo no puedo hacer esperar...-
-
Si, yo también tengo que atender a mis clientes, se amontonan en el pasillo, pero dígame, ¿qué hay entonces de lo mío?
- De lo suyo, ya salió su convicción mas materialista, por momentos no se que pensar realmente de usted... Dígame, ¿qué quiere?- emboce mis ganas de hablar de dinero y pensé en que pediría un mosquetero de Dumas... -
- Verá, yo no soy un entusiasta de la Monarquía, mas bien todo lo contrarió, y eso que mis padres siempre me inculcaron un venerable respeto por la Institución y sus componentes, en particular, a mi señora Madre desde el principio le cayo usted muy bien, se ha hecho una defensora a ultranza de su persona y en todas las reuniones del clan familiar aboga por la continuidad de la monarquía, por cierto, mi señora madre se llama Leonor...


THE END.












sábado, 9 de febrero de 2008

Capitulo III

Mi relación con Letizia Ortiz siempre había sido indirecta, hasta esa noche... Para hablar del comienzo hay que remontarse a la noche que Manuel Cerdan, director de la revista “interviú” llego a mi despacho prometiéndome el trabajo del siglo. Aún quemaba el reciente anuncio público de la Boda del Príncipe de la Corona Española con la ex presentadora de telediarios, señora divorciada, nieta de un taxista y mucho más... Cerdan me convenció a base de promesas económicas e ínfulas de humo a dar un paso que nadie en su sano juicio tomaría siquiera en consideración.

Así fue como me traslade hasta México, tras la pista de la relación entre Letiza y el pintor cubano Waldo Saavedra, la misma se inicio en 1.996 cuando la actual princesa empezaba su carrera como periodista en el País de los nachos y mariachis. De aquellos años hasta nuestros días, llego como prueba incontestable del romance la fotografía que Waldo realizo a Letizia con sus pechos desnudos y que servio para ilustrar el interior del trabajo discográfico del Grupo “Maná”, “Sueños Líquidos”, en 1.997. Toda la maquinaria de la Casa Real se puso en marcha para lavar los “trapos sucios” que pudieran menoscabar el brillo de la Realeza, se compraron plumas periodísticas y se maquillaron editoriales y reportajes, de tal modo que la relación entre Waldo y Letizia quedara a ojos del gran público nada más que como un juego floral de amistad pura. De la fotografía se quiso hacer creer que la entonces prometida real jamás poso semi-desnuda para el pintor, y que fue este quien acoplo a su rostro el resto del cuerpo que luego ilustro el Póster de “Maná”.

Cerdán estaba dispuesto a publicar en “Interviú” las fotografías reales que Waldo tomo a Letizia mientras duro su relación y que según informaciones privilegiadas enseñaban más allá de dos pechos turgentes. Puesto que el asunto era peliagudo como un campo de minas en la noche decidió utilizarme a mi en vez de a un periodista, lo cual ayudaría a no relacionar a “Interviú” con el proceso de recolección de las fotos, de esa forma Cerdán podía jugar la baza del “chantaje” con la Casa Real y en suma, o pillaba pellizco con la publicación o lo hacía por conservar en caja fuerte unas fotografías tan comprometedoras que la desaparecida “Lady Dy” podría pasar como “Mery Popins” al lado de la futura Reina de España...

Mis pesquisas y averiguaciones me llevaron a la conclusión de que las fotografías eran reales como la luz del Sol, me la jugué entablando amistad con Waldo, y tras una noche de mucho tequila y rancheras por el camino de las farolas acabe durmiendo en su cama, en resumen, me hice con las fotos y salí corriendo... Desdichado de mí, a mi vuelta a España la boca del lobo se cerro sobre mi con toda su pesadumbre y rabia, Cerdan se echo atrás, la Casa Real sabia de lo nuestro, si las fotografías veían la luz éramos raspas de sardina en una gatería... Enanejado, alentado por el whisky y la frustración publique las fotografías en el “blog” de mi Agencia de detectives... en menos de 24 horas estaba durmiendo en celda, a mendrugo de pan y agua al día, la incertidumbre era tal que no apostaba ni mi caspa a que volviera a pisar más aceras.

Por fortuna para mí, los hilos del destino no se me cortaron en aquellos días y pude volver a mi charco, con más pena que gloria, fichado y señalado más libre al fin y al cabo. Me costo volver a reconstruir la Agencia de investigación se me cerraron muchas puertas y las manos que antes estrechaba eran ahora puños amenazantes. Por todo eso, la situación en la que ahora me hallaba me resultaba subrealista como la copula entre un erizo y una pingüino, nuevamente en el cubículo del baño con Oscar a mi derecha y enfrente, sustituyendo la siniestra estampa de Sabina, la Princesa de Asturias, futura Reina de España, Doña Letizia Ortiz.

- ¡Al fin solos! – dije yo, como para romper el hielo.

- Me gustan los hombres con sentido del humor, Señor Jack, pero ya ve lo mucho que ha costado que mi Esposo accediera a que usted y yo nos entrevistáramos a “solas” – Y miro de forma sutil al Jefe de los Escoltas, que nuevamente se mimetizaba con el mobiliario - aprovechemos el tiempo y lleguemos a la solución.

- Antes, una curiosidad, ¿su marido sabe que fui yo el causante directo de que aquellas fotografías que de usted tomo Waldo... salieran a la luz? –

- No, no sabe que es usted... si lo hubiera sabido no estaría usted aquí.- Oído lo cual no supe si alegrarme o maldecir el que no lo supiera. Me percate también de que Oscar me echo la soga al cuello con su mirada, él tampoco sabía lo mío... hasta ahora.

- Y dígame, sabiendo usted quien yo era, por tanto gozando de nulo aprecio a mi persona, más bien todo lo contrario... ¿por qué accedió a que yo viniera a tratar de resolver este “caso?”-

- ¿Usted cree en el destino? Yo sí, de alguna forma estábamos predestinados a vernos en la situación en la que estamos, y que me parezca usted un hombre mezquino no quita para que pueda ser un buen profesional en lo suyo, cuando Joaquín menciono su nombre yo estuve de acuerdo de alguna manera supe que era usted el único capaz de resolver el misterio- Era una mujer hermosa, mucho más al natural que a través del cristal del televisor o en las fotografías de la prensa rosa, sus enormes ojos parecían envolverte cuando te miraban y sus palabras eran cuerdas que te ataban su razón. Tuve deseos de besarla, mi mente se disgregaba en pensamientos incoherentes, me acomode bajo en el grifo del lavamanos y me refresque la cara. Faltaban veinte minutos para las cinco.

- ¿Y si le dijera que a mí ni me va ni me viene todo esto? Yo solo fui invitado a esta velada de rebote, no siento aprecio por su familia política, me importa un carajo el dichoso anillo, no soy un mosquetero, y nada gano ni pierdo de este esperpento.

- ¿Mi gratitud y mi aprecio no bastarían? Jack, no olvide lo que soy, cuando usted atento contra mi intimidad yo me informe de su vida, obra y milagros,- deduje que ahora me hablaba más la periodista que la princesa- de alguna forma le conozco, más de lo que usted cree, es usted tan sensible y romántico que forma un escudo casi irrompible a su alrededor porque piensa que de esa forma estará protegido y nadie le podrá hacer daño, pero usted es lo que es, y no lo que trata de aparentar, no dudo que haya terminado creyéndose su personaje de tipo duro, fracasado y alcoholizado, pero si por un momento escucha el latir de su corazón recordara los ecos de su amor pasado, no es usted el único que ha sido pisoteado y vilipendiado por alguien a quien se quiso, su sangre en tan roja como la mía y se deja arrastrar por las mismas pasiones y tormentos, téngamelo en cuenta.- Definitivamente el carisma de esa mujer era tal que bien podía ser capaz de convertir a Jesuscristo al ateismo. – Si yo no le hubiera tenido en cuenta a usted su biografía, puede que aún estuviera cumpliendo pena en prisión o en el Infierno.

- Es usted persuasiva, si bien la próxima vez puede ahorrarse tantas palabras, con que desabroche un botón de la blusa y me guiñe un ojo será suficiente.. – Oscar se incorporo amenazante – Bien, retomemos el fascinante caso de la desaparición del anillo republicano... ¿Aún sigue manteniendo relación con Waldo?.-

- ¿Es procedente esa pregunta?

- ¿Pero aquí quien es el investigador?

- No, hace dos meses que mi relación con Waldo es completamente nula.- Letizia bajo la cabeza por primera vez, no supe discernir si era por la pena de lo que contaba o por vergüenza de hacerlo delante de Oscar...

- ¿Y porque se rompió?

- Solo le puedo decir que fue él quien tomo la decisión... Desconozco el motivo.

- ¿Practico sexo anal con él?- Dicho esto sentí un terrible dolor en todo mi brazo y hombro, me vi de rodillas y a menos de un palmo de mi nariz contra el suelo.

- ¡Es usted un hombre incorregible y odioso!- Decía Letizia mientras Oscar rugía a mi espalda... Me saco de muy malas maneras del cuarto de baño y de soberano empujón me lanzo contra la mesa del salón... “Este tío fue el que público las fotos de Doña Letizia en internet” dijo el escolta pasándole el testigo al Principe Felipe, quien de manera bravucona se dirigió a mí, y no acababa de incorporarme a dos piernas cuando impacto su puño en mi carrillo derecho, volviendo a caer de forma poco decorosa al suelo. A los allí presentes gracias que pudieron sujetar al agresor y calmarlo como pudieron, mientras que yo más grogui que avergonzado trataba de recomponer mi cuerpo y alma. Insultos y amenazas inteligibles saturaban mi oído mientras me incorporaban a impulso dos de los gorilas del sequito de escoltas, centre mi mirada en dos llamas de fuego que eran los ojos de Doña Letizia sobre mí. Al tiempo entraron en tropel 3 hombres y otras tantas mujeres enguantadas en latex, con sofisticados artilugios en sus manos y cara de gente preparada. En estas que me desvanecí yendo a caer en las redes de cuatro brazos y manos que me sustentaban.

Al recobrar el sentido me vi tumbado en incomoda posición sobre el sofá, dude si no habría sido todo producto de un mal sueño al ver que estaba solo vestido con mis calzoncillos tipo “boxers” de cuadraditos azules y blancos... La realidad difumino mi esperanza de sueño, contra una pared y con más cara de susto que de indignación estaban Ana Belen y Víctor Manuel, Joaquín Sabina e Isabel, Sastron y Simoneta, y la esposa de Serrat, todos en prendas menores, cercados por los cuerpos tensos y cultivados en gimnasio de los escoltas y los miembros del C.N.I. que habían hecho su entrada segundos antes de mi desvanecimiento. En segundo plano, y vestidos estaban Don Felipe, Doña Letizia y Oscar que me escrutaba mal encarado hasta que dijo: “¡Cuidado con él!” dicho lo cual y antes de que pudiera yo decir que esta boca era la mía me incorporaron de muy malas formas dos de los vasallos, que me conducían a paso forzado hasta el cuarto de baño, abriéndose de este la puerta y saliendo Serrat con cara de ultraje acompañado de uno de los enguantados. Me impulse entonces hacía arriba a la vez que abría las piernas y tocaba con mis pies el marco de la puerta, ayudo a mi filigrana la sujeción de los matones que me agarraban de sendos brazos, rebote pues hacía atrás gracias al impulso, llevando conmigo y a traspiés a los escoltas que cayeron de espaldas y yo sobre ellos, sirviéndome estos de colchón... Serrat acudía a los brazos de su esposa buscando refugio a su vergüenza y deshonra. El resto del plantel asistía atónito a mi cabriola circense y antes de que se me viniera encima inimaginable lluvia de porrazos y golpes, acerté a gritar con todas mis fuerzas: “¡¡Todos quietos!! ¡¡yo sé donde esta el anillo!!”

Ya de pie y retrocediendo muy despacio pedía calma con mis manos a Oscar y sus secuaces que se aproximaban a mí cual manada de hienas, intercedió Doña Letizia quien solicito un minuto para que me explicase, choque contra la mesa y la rodee sin perder de vista a mis adversarios... Sin bajar la mirada mis manos tocaron la bandeja de pastas, recogiendo una entre mis dedos y levantándola ante la concurrencia, vacile al tiempo, breves segundos, y después mis dedos desmenuzaron de forma apresurada la pasta, las migas cayeron de entre mis dedos a modo de falsa nevada sobre la mesa... Y de repente, pude palpar la sorpresa como si fuera carne, mostré el anillo entre mi dedo índice y pulgar, el momento fue hipnótico, nadie lograba salir del estado paralizante que acababa de crear, después... balbuceos y perogrulladas: “No puede ser...” “Es... el anillo...” “¡El anillo! Ha sacado el anillo... de un mantecado...”

Me arrebataron el anillo de las manos, Oscar lo entrego al Príncipe que dio su visto bueno... Joaquín se aproximo como no dando crédito, y alguien de alrededor sugirió si era el verdadero, Letizia ratifico que si, pero un experto de la C.N.I. lo tomo en sus manos, saco del bolsillo del pantalón una especie de monóculo y examino con exasperante lentitud el anillo... Fueron los momentos más tensos... con la ayuda de unas pinzas separo la piedra preciosa dejando al descubierto el chatón del anillo, con sus tres colores de bandera republicana. Finalmente, giro su rostro hacía los Príncipes e inclino la cabeza en señal de aprobación. Lo que vino después fue rápido y atropellado, nos vestimos y poco menos que tuvimos que hacer juramento de no revelar jamás lo acontecido en la noche que ya daba a su fin, fui arrojado a la calle a base de buenos empujones, y una vez allí salte en busca de sombras y esquinas, a buen paso me aleje de Tirso de Molina en busca de un Bar que acabase de abrir.



Continuara

lunes, 28 de enero de 2008

Capitulo II

Introducción

Capitulo I


Capitulo II

Al rostro de Joaquín le sobrevino un orgasmo instantes después de inhalar la primera bocanada al cigarrillo que le acababa de dar. Era el primero que tomaba en la noche, y seguramente en muchos días... Tras sufrir una pequeña embolia cerebral tomo la firme decisión de abandonar parte de sus vicios, de momento había conseguido librarse de la cocaína, se moderaba más con el alcohol y...
- Al final acabaras como Marichalar, o peor.- Dije al tiempo que me encendía un cigarro para consumo propio.
- Peor imposible, antes me suicido por la ventana en vena.- En apenas 30 segundos creamos una atmósfera de humo en el habitáculo del cuarto de baño. Oscar, el Jefe de Escoltas nos miraba con un halo de desprecio infinito... Pero las ordenes que le habían dado eran claras y precisas: Prohibido intervenir en la conversación, solo escuchar y actuar en caso necesario. Eso era todo lo que había podido conseguir, hice saber que me era imprescindible entrevistarme a solas con Joaquín para poder arrojar luz sobre el oscuro caso a resolver. No me quedo otra que aceptar al tal Oscar como armario o cosa.
- Bien Querido Joaquín, tu puñetero piso esta lleno de cacharros inservibles, objetos inútiles, libros, recuerdos, cuadros, alfombras y un largo etcétera de enseres varios y variados, además sospecho por el desorden reinante que ya nuestro amigo Oscar y sus “soldados” habrán buscado por los lugares más usuales e incluso por los que no lo son tanto, obviamente con nulos resultados. De todo ello se deduce que el anillo o bien ha sido guardado de forma alevosa por alguno de los aquí presentes en recóndito rincón o alguien aún lo conserva en pudenda parte de su anatomía, en cualquiera de las dos circunstancias mis dotes detectivescas poco sirven para realizar actos que no puedan ser ejecutados por otro u otros, en resumen, dime dentro de la intimidad que nos rodea quien o quienes pueden tener el objeto codiciado y buscaremos la forma de hacerlo aparecer sin armar mas revuelo del ya provocado.- Y dicho lo cual guiñe un ojo a Oscar en señal de complicidad, solo me devolvió su mirada inyectada en sangre, desconociendo yo si era esta provocada por el humo del tabaco o por el odio hacía mi persona (cuando no fueran las dos circunstancias las que tenían cabida).
- Escúchame bien, no hay nada que ocultar, y te digo delante de este “pendejo” que yo no tengo ni he tomado, ni ocultado el anillo, así como que pondría la mano en el fuego por todos y cada uno de los invitados a mi casa, es mi palabra, créetela.- Su tono parecía creíble, pero uno a cierta edad ya sabe que ni Dios dice siempre la verdad ni el Diablo miente siempre, además, ¿hasta que punto podía creer en la palabra literal de Joaquín estando presente un escolta del Rey?
- Bien, empecemos por el principio, ¿Cómo llegan los príncipes a cenar a tu casa?-
- Pues te cuento que esta cena tiene sus antecedentes en otra celebrada el pasado mes de...- Joaquín mira al techo en busca de la memoria que le parece flaquear- de Julio, fue en casa de Simoneta Gómez Acebo y su esposo, Sastrón...- Con esta respuesta termine por ubicar a la pareja sin referencias, Simoneta era la relaciones públicas de la prestigiosa firma “Cartier” en España y sobretodo... Sobrina del Rey. Su esposo: “Sastrón” ejercía de promotor musical y me entere que tenía entre sus amigos a Joaquín, Víctor Manuel o Ramoncín. - ... El caso es que la “lety” estuvo toda la noche rogándome quedar otro día para comer o cenar, “¡yo tengo una reputación que guardar!” Le decía, finalmente accedí unas semanas después ante su insistencia, pues es probado que a la princesa le gustan mis canciones y las de mis amigos... Víctor, mi primo “El nano” – Por Serrat-... y la aventura tampoco desagradaba en exceso al Principito, si bien ¡maldita! La gracia que le hizo mi poema dedicado a su prometida, pero ya se sabe, que por muy príncipe que uno sea... ¡donde este una mujer no hay más que decir! ¡Y más si es Republicana! Bueno... “ex”- Termino diciendo burlonamente ante la mirada inerte del Jefe de escoltas.
- Y dime, Joaquín, ¿sabías de la existencia del anillo antes de la cena de hoy?.- Más que dudar, vaciló, apenas un segundo, lo suficiente como para percatarme de que la respuesta era afirmativa, y como yo, lo supo el Guardaespaldas real, y Sabina fue consciente de ello.
- En la cena que te conté también estaba presente Jaime Peñafiel – sobraban presentaciones, conocía bien a este periodista, monárquico, que no cortesano, y que no tiene reparos en decir lo que piensa, sobre todo si se trata de Letizia, quien nunca fue de su agrado, la gota que rompió el vaso fue cuando Jaime en su columna del periódico “El Mundo” arremetió en metáfora viva contra los habituales tacones de más de 30 cms que la princesa suele utilizar para salvar la diferencia de estatura con su esposo, la reprimenda de Letizia no se hizo esperar, tuvo lugar en un acto celebrado por el Ayuntamiento de Madrid, y Peñafiel nunca supo calificar aquella controvertida conversación de insolente o impertinente.
- Hablamos de ti, y de lo “tuyo” que estaba aún reciente- Agradecí a Joaquín que no entrara en detalles, bastante mal le caía ya a Oscar para entrar en episodios pasados que quizás él ni conociese.- y sobre todo hablamos de la “Lety”, Jaime que una princesa y reina esta para callar y parir, yo que hasta ahora había dedicado su vida a hablar e informarse y no lo tendrían tan fácil para atarle el pico, que no “cuadra” en ese ambiente “real” y que las chispas no tardarán en saltar...- Joaquín bajo la voz y se acerco a mí, como si así no le fuera a escuchar el Escolta o a este le fuera a producir menor perjuicio sus palabras- Jack, es cuestión de esperar y ver los acontecimientos... La segunda restauración Borbónica acaba de encontrar el escollo más duro de su trayectoria en 30 años... Me imagino a Fernando VII y Alfonso XIII revolviéndose en sus tumbas... El fantasma de la tercera República está en pie y ha echado a andar...- Mire de reojo a Oscar que seguía imperturbable- Peñafiel estaba de acuerdo conmigo en ese punto, si bien no compartía mi regocijo pues él, más que le pese, es Monárquico y “Juancarlista”.
- ¿Entonces... a través de esa conversación vino lo del anillo?
- Sí, yo ya llevaba unos “whiskicitos”, Jaime me contó la historia del anillo por encima y me insistió en que invitara a los Príncipes a cenar, me dijo aquello de “grano a grano se hace el montón” o algo así, y que ya se encargaría él de que toda España se enterase de la reunión y cena... de la pareja Real en casa de unos republicanos de pro. En así llegamos hasta el hoy, esta noche se produce el magno acontecimiento, ¡y oye! Que hasta lo estábamos pasando bien y todo, la “leti” rompió el hielo a base de bien con unos chistes impropios de princesas y el “Borbonisimo”... bueno, digamos que no empalagaba en demasié...

“Malditos sean los que no se cansan,
los que ganan carreras de tortugas,
los capataces de la certidumbre,
los rectos eficaces, los que transan,
los que estiran el alma y las arrugas,
los secuaces del Rey de la costumbre”

Terminado su recital de versos aprovecho Joaquín para recrearse en la ultima calada al cigarrillo casi extinto y Oscar para recomponer los gestos de su cara, que imagino buscaba (en vano y a ciegas) mensajes en clave o códigos secretos en el puñado de palabras expelidas por el cantante poeta.

- Dime, Joaquín, en la cena de esta noche, ¿quién saco el tema del anillo republicano?.-
- Que bien recuerde... Fue Don Principito quien orgulloso y altanero hizo mostrar a su esposa el simbólico aro que penetraba con su dedo, yo me hice el sorprendido, y la “leti” contó la historia que ya oíste al llegar a mi casa. Oye, “musculitos” ¿Podrías ir a fuera y traer la botella de whisky?- El Jefe de Escoltas, volvió a gruñir con la mirada y no dijo palabra-. Mira Jack, lo que más me jode de esta charanga es que al Felipe de los “cojones” le importa un carajo el anillo, ¡al menos su padre lo respeta y teme como símbolo o amuleto! Veras, ya bien cenados y bebidos estuvimos haciendo música con guitarra, una armónica y unos cajones, quien más y quien menos acompañaba con cantos, daba palmas, coreaba o vitoreaba, me arranque yo con “Princesa” cambiando alguna estrofa en honor a la Leti, luego lo hizo “Anita” (por Ana Belen) con la “Puerta de Alcalá” y la acompañamos todos, mi primo (por Serrat) canto a capella “Hoy puede ser un gran día”, creo que luego volví yo con “19 días y 500 noches”, y Victor con “Nada sabe más dulce que tu boca” y en estas que hombro a hombro con “Felipito” le propongo más en broma que en serio componerle una canción a cambio del anillo que trajo a España la II República… Se me queda mirando y dice que eso ¡esta hecho! Pero que tendré que aceptar que sea él quien escriba parte de la canción bajo la condición innegociable de jamás revelar este hecho, yo le digo que sí, total, ya me hizo un encargo parecido el Subcomandante Marcos y me tiré más de diez años sin concretarlo hasta que me salió el “Como un dolor de muelas”, y bien sabe Dios y el Diablo que me cae mejor “Marquitos” que “Felipissimo” además, ¡que carajo! en otros diez años ¡todos muertos o “amarichalados”!- En este punto exploto la risa estentórea de Joaquín y mi máxima expectación- Ahí fue cuando la noche se nos jodio a base de bien, la “Leti” se percato que no llevaba el anillo, fue junto con Isabel a la cocina esperando encontrarlo en el platito y allí no quedaba nada… El resto, ya lo sabes.
La conversación entre Joaquín y yo no daba para más, mire mi reloj y comprobé con preocupación que ya saltaban trece minutos por encima de las tres. Salimos del Baño, el resto de la comitiva nos miraba expectante y sentí un inexplicable rubor, como si me sintiera una mujer cualquiera que va a realizar “pis” en grupo, o remontándome a mis años adolescentes como si hubiera sido pillado saliendo de la sala masturbatoria por mis padres, en compañía de dos amigos. Su alteza Borbonica me exigió, más que pedir, respuestas que no tenía, de soslayo observe como Doña Letizia hacía lo mismo con Oscar, eso sí, hablando nada más que con la mirada. Don Felipe volvió a requerir de inmediato la presencia de “los otros” a Oscar, y se me vinieron a la mente imágenes de hombres con gafas de sol, batas blancas y las manos (enguantadas en látex) ocupadas por tenazas y todo tipo de herramientas cortantes.

Improvise una representación para ganar tiempo, me coloque a escasos centímetros de Doña Letizia y la inste a que recrease todos los movimientos que realizo desde la ultima vez que fue consciente de la presencia de su anillo. Camino directamente a la cocina, un rectángulo perfecto que por sus dimensiones hacía incomoda en ella la presencia de más de tres personas, Doña Letizia indico el lugar donde dejo el anillo, tras quitárselo y ponerse a fregar, justo encima de un platito pequeño cuya utilidad desconocía, quedaba a la vista de Isabel, Ana Belen, Simoneta, y Candela que eran las que se encargaron de la tarea de recoger los platos, cubiertos y demás utensilios de la mesa para acercarlos a las inmediaciones del fregadero, donde “leti” daba buena cuenta de ellos, ninguno de los cinco hombres entro en la cocina hasta que al menos salió la ultima de las mujeres, que según recordaban fue Isabel, quien como anfitriona saco de allí una bandeja con “pastas”, galletas y todo aquello que engloba la toma de licores.

Me sentía como una gallina seguida de los polluelos, o como Hercules Poirot a punto de resolver un misterio ante la comitiva de sospechosos... Solía volverme ante ellos de vez en cuando y soltar preguntas, por sí la casualidad mataba un pájaro... De esta forma supe que Simoneta se percato de la presencia del anillo en el platito, y que esta lo empujo hasta la pared, arrinconándolo de forma que no se confundiese con el resto de cacharros que iban apilándose, Ana Belén dijo acordarse también de la presencia del anillo en el plato, justo donde Simoneta dijo que lo empujo. Doña Letizia adujo que el arrinconar al anillo tuvo que ser motivo de que ella no se percatara de él tras terminar de fregar y olvidase ponérselo. Además justo en ese momento Isabel la “obligo” a salir con premura de la cocina e ir con el resto de invitados mientras ella se encargaba de confeccionar la bandeja de pastas y licores. Isabel manifestó que ni antes ni después fue consciente de la presencia del anillo en el platito. De la misma forma que nadie se fijo si tras salir Doña Letizia de la cocina llevaba puesto o no, el dichoso anillo de marras.
Uno de los escoltas se dirigió a Oscar con premura y le paso un teléfono movil, todos quedamos expectantes pues nos daba en la nariz que la llamada podría tener una importancia nada desdeñosa para nuestro más inmediato futuro. Aproveche el momento para acercarme a la mesa de las bebidas y las pastas, sirviéndome un buen vaso de whisky americano con su ración correspondiente de dos hielos. No había terminado de dar el primer sorbo cuando Oscar tomo la palabra para anunciar lo siguiente:

- En media hora llegara al piso un grupo de “especialistas” del C.N.I. que se encargaran de realizar las diligencias necesarias para que el anillo aparezca, si alguien tiene o sabe donde esta el mismo es hora de que lo devuelva y el asunto se olvidara sin más… de lo contrario…- En ese punto Oscar callo, más que por no saber que decir, por saber que lo que iba a decir no era ni propio ni necesario. Las protestas volvieron a ser unánimes entre el bando republicano que sentían violados derechos inviolables…
- ¡Basta ya! ¡esto es con todas las de la ley una detención ilegal! ¡Exijo llamar a mi abogado!- decía Ana Belen cuyas palabras dirigía a Don Felipe.
- Yo no estoy dispuesto a quedarme en bolas ni a que me metan el dedo por el ano- Expresaba Serrat con un tono más calmado y diplomático, dirigiendo en este caso sus palabras a Dña. Letizia.

Yo aprovechaba el paréntesis de atención hacía mi persona para tratar de poner en orden mis elubrucaciones sobre el misterio, teniendo claro que la dotación de escoltas reales más el grupo que venía de camino serían más que suficientes para obligarnos a hacer lo que quisieran y como gustasen, no reparando en leyes ni derechos para conseguir el anillo de la forma que sea o fuere. Luego ya podríamos reclamar… pero contra muy altas y poderosas torres iban a ser lanzadas nuestras quejas y lamentos. Me daba la impresión de que Doña Letizia trataba, mediante susurros y palabras al oído, hacer ver a su esposo que de seguir adelante con la búsqueda a toda costa del anillo podría ser peor el remedio que la enfermedad, pero este seguía en sus trece pues estaba la sangre azul muy enervada y alterada para dar marcha atrás al maremoto que se veía venir.
- Yo soy Principe de España, ¡Hijo del Rey! ¡Y futuro Rey de la Nación! – Cesaron los murmullos y protestas al tomar su Alteza la palabra… - Me he dignado a venir aquí, a cenar a casa de la plebe, a compartir alimentos y conversación junto con mi esposa, y hemos sido humillados y emboscados como vulgares ¡comadrejas! - ¿plebe? ¿comadrejas? Desde luego que los discursos de Don Felipe no eran lo mismo cuando no se los daban escritos- No siento especial aprecio por ese anillo tan especial, pero mi Padre ¡el Rey! ¡si! Y además es posesión real, y por eso no puedo permitir que se me lo roben así porque sí, y es por ¡eso! Y por ¡más! Que como que Dios es Cristo que de aquí no sale nadie hasta que aparezca el anillo de los…- Y allí callo, sin más, quedando a la espera de que su habitual flema volviera al rostro. En estas, fue Joaquín quien hablo:
- Pues muy bien, yo digo que no tengo problema en enseñar mis plebeyas pelotas a quien guste de verlas, eso sí, quiero ver también las reales pelotas, y que tanto se busque en mí ano como en el de sus realezas, pues tanto puede estar el anillo escondido en culo republicano como monárquico, así exijo el mismo tratamiento para sus primos, Simoneta y Sastrón, y para usted y su señora esposa, ¡Aquí follamos todos o la puta al rio!- La reacción de los presentes fue de lo más variopinta, la calva de Sastron se encendió, Simoneta tenía dificultades para respirar, Victor Manuel enmudecía mientras que a su esposa Ana le crecía el caudal de las venas del cuello, y en definitiva, a quien más y quien menos se le encogían y apretaban los glúteos.

****FIN DEL CAPITULO II****


sábado, 19 de enero de 2008

Capitulo I

Introducción





LA NOCHE DEL ANILLO



Capitulo I


Subí los tres pisos en ascensor acompañado por dos escoltas, sus indumentarias se esforzaban por camaleonizarlos entre el paisanaje del castizo barrio de Lavapies, pero sus rostros congestionados con aires chulescos, ojos fríos y mandíbulas cuadradas dejaban adivinar fácilmente su verdadera naturaleza. Llamaron a la puerta por mí. Aproveche para prender un cigarro en mi boca, no me dio tiempo a lanzar la primera bocanada de humo cuando Joaquín Sabina me franqueo la entrada. “Solo él” ordeno una voz desde más dentro, tono autoritario, neutro y firme, el Jefe de los Escoltas pensé. Era un tipo alto y de piel morena, cabello muy corto acentuando la cuadricula de su cabeza, este ni jugaba a disimular con su ropaje, vestía de traje, perfume: Adolfo Domínguez, me registro todos y cada uno de los bolsillos de que disponía mi ropa y finalmente me pidió la gabardina, se la deje colgada en la mano a modo de perchero. “Adelante” ordeno. Seguí a Joaquín por el estrecho pasillo que conducía al salón principal, era esa la habitación mas grande de la vivienda, y en la que aguardaban mi llegada el resto de invitados.


- ¿A que sobran presentaciones?- Me pregunto Joaquín con una sonrisa burlona en el rostro. Allí estaban Isabel, “ex” de Joaquín y madre de sus dos hijas, Joan Manuel Serrat y su mujer Candela, Víctor Manuel y mi admirada Ana Belén, había otra mujer cuya cara solo me resultaba familiar y un hombre a su lado, a quien tampoco conocía y supuse sería su marido. Al fondo destacaba la figura altanera de Don Felipe de Borbón, príncipe heredero de la Corona Española, y Dña. Letizia Ortiz, la recién y radiante princesa de Asturias.
- ¿Cómo han conseguido salir todos ustedes del televisor? – Reconozco que estaba algo impresionado ante la situación, no se me ocurrió una frase más brillante ni más sugerente con la que romper el Iceberg. Don Felipe dio un paso al frente tras escrutarme con la mirada.
- ¿Y este es el que va a solucionar nuestro “poblema?”.- Termino balbuceando con su peculiar flema borbónica.
- ¡Al menos es el que lo va a intentar, carajo! – dijo Joaquín interponiéndose entre su Majestad y mi humilde “bajeza”- mejor hablamos a solas, Jack.-
- ¡De eso nada! Lo que se diga aquí, lo tengo que oír yo.- Definitivamente Don Felipe estaba contrariado, y no era solo por mi aspecto descuidado y desaliñado. Le cogio de la mano Doña Letizia y absorbiéndonos con su mirada hablo:
- Si nadie se opone, seré yo misma quien pondrá en antecedentes al detective, le contare la historia desde el principio, para que valore y saque las conclusiones mas provechosas y ventajosas a la hora de resolver el misterio que aquí nos retiene, a estas horas de la madrugada.- Nadie se opuso, Víctor mascullo unas palabras ininteligibles al oído de Ana Belén, su esposa, y el resto asentimos con gestos corporales a la iniciativa de la futura Reina de España. – Bien, Sr. Jack, le presupongo con el mínimo de cultura para conocer los hechos que tuvieron lugar en este País el 14 de Abril de 1.931...
- ¡No tengo amigos analfabetos, “Lety” – contrastó la voz rota de Joaquín con la dulce y tan bien modulada de la mujer.
- Ese día fue proclamada la II Republica, (con perdón)- dije soslayando con la mirada a Don Felipe, tan serio y marcial.
- Bien - Doña Letizia, vestía un conjunto de falda-chaqueta elegante a la par que cómodo, color gris, y ligeramente arrugado por el discurrir de la noche. – Entonces también sabrá que ese día, el Rey Alfonso XIII, y tras una intrigante “partida de ajedrez” política decidió.- “¡le decidieron!” apostillo Joaquín con un vaso de whisky en la mano. Dña. Letizia siguió su relato como si no hubiera sido interrumpida - decidió salir de su País y buscar alojamiento en Francia con la esperanza de que ello evitara una riada de lagrimas y sangre en España, fue la caída de la Monarquía. Mucho se ha hablado y discutido sobre la legitimidad de las elecciones ganadas por el bando republicano el 12 de Abril y los acontecimientos posteriores, y que dieron el resultado ya conocido. De todo ello se sabe mucho, si bien cada cual recoge las partes de la historia que más le conviene, creyendo a pies juntillas unos episodios y dando por mentira otros. – Sin duda que a Dña Letizia no se le había olvidado su etapa como presentadora de telediarios, si bien, era más que claro que el único de los presentes que no conocía los hechos que habían desembocado en la actual situación era yo, nuestra locutora hablaba para todos, esforzándose en captar la atención de cada uno, alardeando de movimiento de manos, modulaciones de voz, miradas inquisitivas. – Lo que no es tan conocido es que fue en una privada reunión entre el Conde de Romanones, monárquico curtido en mil batallas, y Niceto Alcalá Zamora, por entonces Presidente del Comité Revolucionario Republicano, donde se “negocio” la salida del País del Rey, según la formula que ambos acordaron el Monarca debía marchar esa jornada antes de que se pusiese el Sol. En reunión inmediatamente posterior, el Conde de Romanones convenció a su Majestad Alfonso XIII, para que acatara el acuerdo, como un mal menor para su País y para él. Antes de la despedida, el Conde le entrego al Rey un obsequio que a su vez, y en prueba de buena voluntad y agradecimiento, Niceto Alcala regalo a Romanones, se trataba de un anillo de oro, en cuyo chatón podía observase en forma de franjas los tres colores que componían la bandera republicana. Desconocemos la razón verdadera por la que Niceto Alcala quiso regalar al Conde tan simbólico “obsequio” Pero sí que el Conde de Romanones se lo entrego al Monarca como recuerdo indeleble de lo sucedido, como prueba irrefutable de que por muy Rey que se sea, no debe subestimarse al pueblo, y añado yo que tampoco entregarse todo el Poder de la nación a un hombre incompetente; el Almirante Aznar, presidente del Gobierno de la época, que nunca debió convocar unas elecciones municipales previas a la generales, por mucha representación que tuvieran los republicanos a nivel local, lo que suponía el control de los presupuestos municipales para mantener los partidos, la confianza de Aznar le llevo a creer que con la victoria de las elecciones haría volver a los republicanos al redil electoral y romper su retraimiento.- La Princesa hizo una pausa valorativa, satisfecha del silencio y atención creada, luego continuo hablando.
- El Almirante Aznar contaba con un acuerdo con el propio Conde de Romanones y Cambó, pactaron un diseño de regreso a la Constitución de 1.876 para satisfacer al grueso de la clase política; por lo que primero se celebrarían los comicios locales limpios, para dar credibilidad al tinglado, y luego podrían convocarse unas elecciones legislativas, que no constituyentes. Alfonso XIII no estuvo al tanto de esta operación política, que paradójicamente, hirió de muerte a la Monarquía española. Ese episodio es el que simbólicamente quería representar el anillo “republicano” como aparente prueba de buena voluntad, de transición pacifica y democrática. Tras la charla con el Conde de Romanones, el Rey Alfonso XIII salió de España por mar, al día siguiente lo siguió su familia en tren.- Dña Letizia busco con la mirada el rostro de su esposo, que se mostraba ciertamente compungido.
- ¿Queda mucho? Lo digo por tomar asiento... ¿Joaquín, un poco de whisky?.- tras mi comentario sentí clavada en mi la mirada del Jefe de los escoltas y por un momento temí que fuera a sacar su arma reglamentaria y dispararme a las piernas.
- El Rey Alfonso XIII vivió en el exilio diez años y en todo ese tiempo conservo el anillo referido, si bien añadió sobre el chatón una gema de gran valor y que ocultaba la tres franjas con los colores republicanos, el Monarca murió en Roma en 1.941 donde residió los últimos años. Entonces el anillo paso a manos de sus dos hijos varones, Jaime y Juan, siendo este ultimo quien acabo conservándolo y guardándole gran respeto y aprecio como “símbolo”, Don Juan de Borbón, padre del actual Rey de España, mi suegro y padre de Don Felipe, mi esposo, recibió el día que fue investido como Monarca el anillo de manos de su Padre, volviendo a trasladarle el significado que este pretendía invocar a su propietario.- Joaquín me acerco un vaso lleno de whisky con dos “peces” de hielo. Le guiñe el ojo, y volví a prestar toda mi atención a la Princesa Letizia, en concreto a sus bien contorneadas piernas... Siguió contando que el Rey Juan Carlos I guardo el anillo bajo llave y se desentendió de él, según parece, ya de tiempo atrás circulaban ciertas leyendas o rumores acerca de una maldición que el dichoso anillo pudiera contener... por lo cual el regalo de Niceto Alcala al Conde de Romanones habría tenido un fin malicioso, cuando no malévolo. – Mi Esposo, poco dado a las supersticiones le pidió permiso a su Padre y Rey para tomar el anillo y obsequiármelo, Don Juan Carlos le advirtió y después accedió a ello. El día que se cumplía el primer aniversario desde que Don Felipe y yo nos conocimos, me hizo tan original regalo, así fue como yo me entere por sus palabras de la historia que les acabo de relatar. Con este regalo mi por entonces prometido, y yo al aceptarlo, pretendíamos reírnos íntima y secretamente de todos aquellos que por entonces y posteriormente cuchicheaban y murmuraban acerca de mi apego a la Republica, al ateísmo o a todo aquello que fuera contrario a lo Monárquico y sus circunstancias- Doña Letizio busco con la mirada a Joaquín como dándole entrada, y fuera a él a quien le correspondía decir la siguiente frase de la representación.
- “Bendita señá Leticia, la «queli» de un tal Erquicia que ayer os arrejuntó. A más de un republicano los dedos de entre ambas manos juntas nos emocionó, y sin cambiar de bandera, de dios ni de trinchera, quisiera princesa Ortiz decirte en esta balada que ya no hay cuentos de hadas y no abunda el final feliz”- Los ripios eran el principio de un poema que Joaquín confecciono al poco de hacerse publico la relación entre el Principe y la otrora presentadora de telediarios, al volverlo a oír de voz de su propio autor el rostro de Don Felipe se tenso como el falo de un actor porno en la primera hora de jornada laboral.
- Gracias, Joaquín. El caso, Sr. Jack es que esta noche decidí ponerme el anillo y hacer así un guiño a nuestros amigos artistas y republicanos.- En el salón, colgaba de la pared una enorme bandera republicana, tres franjas tricolor: roja, amarilla y morada. Siempre había estado allí y conociendo a Joaquín era entendible que en una noche como esta no la quitase ni se le pasara por la cabeza.- Les conté con menos detalle la historia y su origen, se hicieron bromas y comentarios jocosos al respecto. Luego, tras cenar, Isabel, Ana, Candela y Simoneta recogimos la mesa, yo me quite el anillo para fregar los platos y cubiertos, lo deje sobre la encimera de la cocina. Y esa fue la ultima vez que lo vi.- Sobre la mesa del salón había una botella de buen whisky, otra de ron, licores varios, platitos con pastas, galletas, mantecados, rosquillas, refrescos de cola y limón, ocho vasos de “chupito” y otras ocho copas. Una guitarra sobre el sofá, al lado de los dos sillones sendos cajones de música, encima de uno de ellos una pandereta.
- Pero tardo bastante tiempo en darse cuenta de la ausencia del anillo en su dedo, tras terminar con la tarea en la cocina, los ocho estuvieron tomando copas y haciendo música después o al tiempo, ¿por qué tardo tanto en echarlo en falta?.- con lo dicho esperaba ganarme cierto respeto como investigador ante la audiencia, pues si mi observación no era sorprendente en grado sumo, tampoco era desestimable.
- Es cierto, de hecho no me percate de ello hasta que alguien aludió al anillo, no tengo por costumbre ponerme a fregar y por ende el quitarme los anillos para tal actividad y de la misma forma ponérmelo tras realizarla. Hoy fue especial, tras la cena, Joaquin comento que “las mujeres ya podían recoger la mesa y fregar los cacharros”, Victor dijo estar de acuerdo y no por ser machista, si no porque él había sido el cocinero y en tal tarea y en la puesta de la mesa le habían auxiliado los otros hombres, mientras nosotras nos dedicábamos a ver la vivienda guiadas por Isabel. Yo misma fui la primera en acatar el razonamiento y en ello me siguieron las demás, nos repartimos las tareas y a mí me correspondió la de fregar. Además no suelo llevar puesto el anillo “desaparecido” si no otro, y al tener mayor holgura el que me puse hoy apenas si note el no llevarlo – El piso de Joaquín no era excesivamente grande para lo que pudiera esperarse de uno de los cantautores más importantes de España, pero no necesitaba mucho más, le gustaba vivir en el barrio de Lavapies y además tampoco pasaba demasiado tiempo en él, era raro que comiese allí, supongo que por ello no tenía ni lavavajillas.
- Ya.- Y di un sorbo a mi copa antes de volver a hablar.- entonces... ¿me han traído aquí para encontrar un anillo? ¿No hay nada más? No sé, un cadáver sobre la cama o metido en la bañera... ¿no?.- Don Felipe se me acerco y desde su respetable altura me expelo un puñado de palabras atropelladas.
- ¡¿Le parece poco?! ¿Poco que a los Príncipes de España les roben? ¿Se me invita a cenar y me cobran así? ¡De mi no se ríe ni Dios! ¡ni Dios! Y de aquí no sale nadie sin que mi esposa lleve su jodido anillo en su santo dedo, ¡Y no hay más! ¿Eh? ¡Y no hay más!.- Le alce mi ceja derecha de forma disuasoria y continuando con mi labor de investigación advertí que el aliento del Principe apestaba a whisky. De repente las frases empezaron a sucederse y atropellarse entre los asistentes:
- ¡A mí en mi casa nadie me llama ladrón!- gritaba Joaquín- ¡por muy hijo de Rey que seas!.-
- ¡Esto es un atropello a la razón!- sentenciaba Serrat
- ¡Cálmate Felipe, cálmate!.- Decía Doña Letizia mientras trataba de arrastrar hacía a ella a su esposo.
- ¡Yo me voy de aquí! ¡Y me voy!- anunciaba Ana Belén. Las frases de unos se amontonaban con las de los otros, pasos nerviosos, agitar de brazos, ¡exclamaciones! Gestos desairados, pensamientos en voz alta: “¿pero que se han creído estos?” “¡Me cagüen Satanas que hoy estalla aquí la Tercera Republica!” “¡Sois todos unos republicanos resentidos!” “¿Pero con quien se creen que están, con unos muertos de hambre que tienen que robar baratijas? ¡Vamos hombre, no me jodas!”...


Así estaba el ambiente cuando un terrible ruido indeterminado nos sobresalto a todos y su eco dejo un silencio sepulcral...

- De aquí no se mueve nadie hasta que el anillo haya aparecido. Y más vale que aparezca pronto, porque si tienen que venir los “otros” la situación será aún mas incomoda.- La voz del Jefe de los escoltas tenía el tono autoritario y dictatorial de un sermón- Esta prohibido usar teléfonos y salir por la puerta. Dejen todos y cada uno de sus aparatos moviles encima de la mesa... – Entraron en el salón dos guardaespaldas más y ejecutaron un registro somero a cada uno de los presentes, exceptuándose claro esta a sus altezas reales, ni rastro del anillo, es obvio que por su tamaño el mismo puede ser ocultado con facilidad, siendo necesario un examen mas exhaustivo de todas las regiones del cuerpo humano para obtener resultados mas satisfactorios, quizás en referencia a tal actividad aludía el Jefe de los escoltas al decir que si venían los “otros” la situación seria aún mas incomoda... ¿Miembros del Centro Nacional de Inteligencia? Dispuestos a mirar en cada recóndito rincón de nuestra anatomía... Expertos en interrogatorios que rayan lo constitucionalmente permitido... Cada vez me gustaba menos el charco donde había metido los pies. De la gravedad de la situación también empezaban a ser conscientes el resto de “sospechosos” que ni siquiera protestaron cuando los varones escoltas palparon las ropas de las mujeres e invadieron la intimidad de sus bolsos... Solo la mujer para mi desconocida y que respondía al nombre de Simoneta exclamo: “¿A mi también? ¡Soy tu prima Felipe!” Y su primo se limito a asentir con la cabeza en tono neutral.
- ¡¡Se ha declarado un estado de sitio y excepción en mi propia casa!! ¡¡Esto es para mear y no echar gota!! – Dijo Joaquín entre mofa y el hastió. El Jefe de los escoltas se quedó mirando a Don Felipe, y al ver la expresión perdida y borbónica de su rostro busco el de Dña Letizia, esta se volvió hacía mi, y al unísono todos la imitaron... como cuando entre por la puerta del salón todas las miradas y expectativas se agarraban a mi como el clavo ardiendo que me sentía. Era el elegido para desliar la madeja que nos tenía atrapados e inmóviles. Note mi garganta nuevamente seca, el hedor del ambiente se hacía insoportable por momentos... Finalmente la Princesa pronuncio la palabras que todos estaban esperando:
- Jack, es su turno. Comience la investigación, devuélvame el anillo... -



********* Fin Capitulo I ********

miércoles, 16 de enero de 2008

Introducción o inicio, antesala del Capitulo I.

Madrid, Octubre 2.005.


Me disponía a llenar por segunda vez mi copa de whisky cuando el inconfundible sonido de un teléfono que brama me saco de mi esperpento nocturno. Descolgué sin prestar atención al número entrante. Hasta sordo hubiera podido reconocer la inconfundible voz agrietada que expelía el auricular:
- ¡Mascachapas! ¿Andas ya borracho o te interrumpo a tiempo?-
Mire mi reloj tomándome tiempo para contestar; las dos menos veinte de la madrugada.
- Aún no estoy tan borracho como para no reconocer tu voz mata-versos-
- ¡Me alegro! Porque te necesito, rápido y en condiciones.- Así era Joaquín, podía pasarse años sin dar señales de vida y en apenas diez segundos te exigía y daba amistad eterna.
- ¿No te habrá vuelto a sobrevenir un infarto, verdad? –
Pregunte sin el más mínimo conato de preocupación.
- Lo que tengo son dos tumores. No puedo contarte más por teléfono, llámate a un taxi y ven para mi casa, no hablo en broma.- deje que el silencio depurase su ultima frase.
- ¿En serio?.-
- “...Si me quieres creer, créeme ahora, no dejes el hoy para mañana, vente conmigo antes de que la aurora entre como un tumor por la ventana...” – Empezaba a cansarme tanto misterio.
- Dime, ¿quién hay en tu casa?.-
- Además de “yo”, mucha otra gente, incluso alguien que jamás imaginarias.- Decidí jugar...
- ¿José Mª Aznar?-
- Prueba con otro igual de improbable... –
Aquello no era un acto reflexivo ni deductivo, simplemente deje volar mi mente.
- ¡El Rey!.-
- ¡Su hijo!.- Abriéronse mis ojos hasta sus limites y al no hallar nada más que silencio tras aquella revelación, deduje que era cierta.
- Aquí te espero.- Y colgó.